CCL: «El caso de Perú en innovación es icónico»
Entrevista a César Zevallos, Presidente del gremio TIC de la CCL

La generación de ingresos por USD 1 700 millones a partir del financiamiento de proyectos de innovación por parte del FINCYT por USD 300 millones representa un resultado sumamente positivo en la promoción de la innovación desde el Estado Peruano, según César Zevallos, Presidente del gremio TIC de la Cámara de Comercio de Lima (CCL).

A pesar de ello, admite Zevallos, existe “bastante por hacer” para que los peruanos podamos aprovechar los servicios digitales en nuestro beneficio, por lo cual la actividad del gremio que lidera se enfoca en la promoción permanente de la interacción fluida del Estado con los actores privados y en la capacitación a empresas de todo tamaño en el aprovechamiento de las tecnologías para mejorar su productividad.

Zevallos advierte también sobre la poca importancia que reciben en el Estado aspectos como la ciberseguridad o el diseño de una política pública digital con un entendimiento sobre su naturaleza como un tema de carácter transversal y no de un único sector.

Desde el punto de vista de la Cámara de Comercio de Lima o el gremio de las TIC, ¿cuál es el centro de atención? ¿De qué manera se vincula con el mundo digital y de las TIC?

El gremio tiene un rol más importante que nunca en la Cámara, ante el fenómeno de la transformación digital, porque no existe lugar donde esta velocidad de cambio no afecte.

Gracias al gremio, la Cámara ha podido mantener un espacio de liderazgo para influir en el gobierno y enfrentar estos nuevos retos.

Nosotros hemos visto muchas cosas que hoy siguen bajo procesos que son del siglo pasado donde no se aprovechan las tecnologías digitales, con información que el Estado tiene pero que muchas veces sigue pidiendo en copias de papel, y que sin duda pueden cambiar hacia procesos muchísimos más ágiles que beneficien a los ciudadanos, a las empresas y al Perú en general para su desarrollo.

¿Cómo sientes que está el Perú preparado ante este tsunami de la transformación digital?, y desde la Cámara, del lado de las empresas. ¿Cuál sería tu diagnóstico?

Las empresas todavía tienen en algunos casos reticencia a aceptar la velocidad del cambio que significa la transformación digital.

No todas la consideran una prioridad, inclusive en los sectores que usan más tecnología. Temas tan importantes como la ciberseguridad siguen rezagados, y en cualquier momento podemos tener un caos tremendo en nuestra economía si alguien decide hacer un ataque “quirúrgico”, como el ocurrido el año pasado con el sistema financiero.

Pienso que parte del rol de la Cámara y del gremio es sensibilizar a los empresarios, a la población en general y al gobierno sobre la necesidad de enfocarse en entender y empezar a practicar el uso de las tecnologías digitales, para aprovechar la ola en beneficio del Perú, lo cual requiere una decisión política importante que no hay. Es un tema que todavía falta por hacer.

La cuarta revolución industrial es una ola que ya empezó. ¿Qué elementos ves? ¿Estás preocupado, o te parece que estamos bien comparados con la región? ¿Cuáles serían los puntos más críticos que tendríamos que potenciar para qué el Perú se apalanque de esta revolución, y no sea un retroceso?

Uno de los problemas que observamos es la formación de cultura digital en las personas, y si eso no ocurre, la ola nos va a pasar por encima.

Entonces, una de las cosas que estamos tratando de hacer en la Cámara es capacitar no sólo al ciudadano, al empresario, sino también al Estado, que siempre va otro ritmo.

Uno de los ejes fundamentales en que hemos puesto énfasis, y para lo cual hemos formado una comisión de educación, es justamente que tenemos que formar a la gente, tenemos que ayudarla a ver lo que existe en frente de sus manos.

Eso quiere decir que no basta con tener el internet cada vez más masivo, aplicaciones, los dispositivos cada vez sofisticados; sino que el ciudadano debe estar empoderado para aprovechar las tecnologías.

Así es. Si no hacemos eso desde la niñez, el resultado no será favorable.

En otros países como Colombia o Chile, existe un claro interés por parte del gobierno de fomentar esta cultura digital. Por ejemplo, en Colombia la Secretaría de Gobierno Electrónico tiene un nivel casi a la par del Presidente y maneja todos los ministerios, en una acción coordinada que acá aún no existe.

Cuando acá hablamos de tecnología, pensamos sólo en un área, sin ver el aspecto transversal que hoy tiene, y el efecto que puede tener no montarse en la ola de manera correcta.

Si nosotros vemos lo que va a pasar en los próximos cinco o diez años, la nueva generación que se está formando se encontrará con nuevas reglas de juego y necesidades de formación. ¿Sientes que en la agenda peruana está eso, en nuestra agenda de reforma educativa, la reforma universitaria?

El cambio es tan violento, que lo que viene en termas de educación va más allá de los planes convencionales.

Cuando escuchaba a Nicholas Negroponte hace 5 años, que hablaba literalmente de programar cerebros, es decir, introducir conocimientos sin pasar por el proceso educativo tradicional, estamos hablando de una revolución que cambia completamente el espectro de quienes van a manejar el mundo de mañana, y tenemos que saber que esa tecnología está a la vuelta de la esquina.

Los países desarrollados están avanzando en el estudio del cerebro para entender cómo eso es posible, mientras que acá seguimos pensando todavía en la malla curricular.

Por otro lado, la cantidad de herramientas que hoy existen para aprender de manera individual es brutal. Es increíble la capacidad del hombre para encontrar valor en algo que tiene sentido para su vida y para cambiar su perspectiva en su relación con el mundo. Por eso, nuestro foco en la Cámara es el tema educativo, porque creemos con firmeza que es ahí donde casi todos los que han tenido éxito han empezado a cambiar, y si no cambiamos la cultura, entonces el resto no trasciende.

Por lo tanto, existe un rol del Estado importante para evitar que el mundo digital expanda las brechas. Desde la voz de la actividad privada, de la Cámara como gremio, ¿sientes que la interacción entre el Estado y el mundo privado para mutuamente ir de la mano ha ido avanzando al mismo ritmo que los desafíos digitales?

No. La Cámara ha hecho bastante esfuerzo para acercarse al Estado y contribuir a su mejor funcionamiento.

En un momento tuvimos la ley sobre crímenes digitales o cibernéticos. El primer reglamento de la ley era de terror, y hoy estaríamos todos presos de acuerdo a esa ley.

¿Cómo enfrentar una situación de esta naturaleza sin herir los sentimientos de la gente que había redactado dicha ley? Logramos hacerles ver lo absurdo del reglamento y las potenciales consecuencias de su versión original, y fue modificado.

Nosotros hemos tratado todo en forma consistente de catalizar los procesos digitales y de innovación. Tuve el honor de presidir la primera Comisión de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Cámara, desde donde no tratamos de coger la pelota para adueñarnos de la innovación sino todo lo contrario, es decir, generar el espacio para que ese proceso tuviera realmente un lugar donde conversarán todos, y lo logramos.

Esto es parte del éxito que permite hasta ahora buenas relaciones con CONCYTEC, Produce, Innóvate Perú, y otras entidades. No queríamos que la Cámara estuviera presente como “el líder de la innovación”, sino, que la gente entendiera y se sintiera cómoda dentro con el propósito de avanzar en este proceso que no es de corto plazo, sino de muy largo plazo.

 

¿Cómo sientes que está el Perú con relación a la innovación?

De mi experiencia como representante de la Cámara en Innóvate Perú, siento que sí hemos avanzado, y que ha faltado difusión de estos avances.

El Perú es un caso icónico, algo inclusive demostrado por el BID que ha hecho visible como se han generado economías que superan largamente el esfuerzo económico que se puso en un programa como Innóvate Perú.

En el programa hemos invertido aproximadamente 300 millones de dólares en 12 años, y el resultado supera los 1 700 millones de dólares, gracias a estas iniciativas que parecerían medio desarticuladas, pero que en la práctica han generado procesos de innovación que de otra manera no se habrían visto.

A veces pensamos que en Perú no innovamos, y que sólo copiamos. Lo que ocurre es que Perú no tiene la capacidad de comprar la tecnología al precio del mercado global, pero sí la capacidad humana de construir esa misma tecnología acá. Todo esto ha permitido construir un nuevo espacio de mercado que antes no hubiese existido.

 

La educación también se vincula al mundo empresarial que tiene que estar preparado para la capacitación permanente. ¿Cómo sientes la capacidad de las empresas para adaptarse a este nuevo mundo digital para aplicarlo en beneficio de su productividad?

Hemos tenido la experiencia de ver el hambre de conocimiento en las pequeñas y medianas empresas, y la falta de espacios donde se les pueda dar información relevante que les permita utilizar las tecnologías digitales.

Un ejemplo clásico es cómo muchas empresas usan Whatsapp para comunicarse con sus clientes como una herramienta de productividad, aunque por supuesto subsisten temas de seguridad de la información.

Otro ejemplo es Workplace de Facebook, que aparece a finales del año 2016, y que hoy tiene más de 40 mil empresas en el mundo. En Perú, BCP es el banco con mejor implantación mundial el año pasado de esta herramienta, que genera un impacto en productividad y con un nivel de seguridad que no tiene WhatsApp (toda la data en esta plataforma tiene costo, no es gratuita).

Gobiernos como Singapur usan esta herramienta en forma exitosa, con toda la seguridad implícita y con la facilidad de que todo el Estado está comunicado en una sola herramienta en donde está toda la data.

 

Estos fenómenos generan una oportunidad enorme para la pequeña empresa. En Gamarra, con todos los problemas que conocemos, ¿qué cambios visualizas en el emporio para poder hacerlo más eficiente, más cercano al consumidor o ciudadano?

Una de los cambios es la digitalización del comercio.

Acá todavía hay una cantidad inmensa de regulaciones que lo limitan. Tengo entendido que iniciativas como AliPay y WeChat están muy cerca del Perú para operar. En China, cuando ellos arrancaron también tenían una cantidad enorme de regulación, pero poco a poco el proceso se fue filtrando, y las personas lograron capitalizar esto al máximo.

Es curioso que AliPay y Wechat hayan elegido a Perú como primer pie para arrancar por sus condiciones particularmente interesantes. En India, donde existe un problema parecido, han estado creciendo 20% por semana en su proceso de entrar, y acá puede ocurrir algo parecido, porque es algo que le da valor a la gente.

Yo siempre he pensado que cuando una tecnología da valor inmediatamente la gente la adopta. El ejemplo más clásico es el cajero automático. La gente decía que era muy difícil de usar, pero cuando saben que por ahí sale dinero hasta el más neófito aprende a usarlo. En el caso de WeChat, yo pienso que sin lugar a dudas eso es posible.

Acá han habido otras trabas, como el caso de los monederos electrónicos (BIM u otros), que no han llegado a tener impacto debido a sus costos transaccionales. Pienso que ahí existe una gran oportunidad aún latente y que quizás con el tiempo pueda hacerse realidad.

Las fintech están minando el negocio bancario, pero van a terminar generando eficiencia en varios lados

Lo veo en las fintech que hacen tipo de cambio.

La diferencia con el tipo de cambio bancario es importante, cuando los montos son menores, porque el problema es que los bancos te dan muy buena tasa cuando el monto es grande, pero cuando es pequeño los bancos se “tragan” el spread. Esto se agravó cuando los bancos aumentaron el mínimo que transaban a tipo de cambio preferencial de dos a cinco mil dólares.

Por otro lado, lo que ha hecho la SBS es muy razonable, porque tú no puedes depositar en ninguna de estas fintech dinero de efectivo, todo tiene que ser electrónico para manejar la trazabilidad de estas transacciones.

Desde el punto de vista de la empresa y como parte de un gremio de la Cámara, ¿sientes que los smart cities tienen un impacto positivo en el desarrollo empresarial, en la productividad que las empresas puedan aflorar en el país?

El avance en smart cities abre oportunidades a una serie de nuevos negocios.

Muchas municipalidades ponen ahora bicicletas que uno puede alquilar por prácticamente nada, para usarlas durante el día y que incluso están geo-referenciadas. También debemos poner más énfasis en seguridad ciudadana, porque tecnologías de smart cities deberían reducir el riesgo de que uno sea asaltado en medio de la calle. Entonces, pienso que debemos trabajar para que estas cosas funcionen, y ceder un poco en la transparencia sobre qué información queremos que estos sistemas tengan acerca de nosotros.

 

Te sentimos optimista y entusiasta sobre lo que se viene. Y no temes en algún lado, que podíamos estar empezando una distopía

El riesgo a la distopía existe. La verdad yo soy más optimista, y pienso en la parte positiva de aquello que pueda suceder.

Sin embargo, hay aspectos que no conocemos con certeza. A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre siempre ha sabido seguir siempre el camino adecuado. Es como cuando tuvimos la guerra fría, y estuvimos a punto de un holocausto nuclear que quizás pueda volver a ocurrir ahora que han dejado de firmar los pactos de no proliferación de armas atómicas nuevamente. Sólo puedo decir que tengo fe y esperanza de que países como el nuestro, después de tantas dificultades, siguen avanzando de manera positiva.