Blockchain y la confianza distribuida
El Internet del Valor en las transacciones entre pares

24/Abr/2018|Opinión|

No cabe duda que en estos tiempos existe una gran necesidad de crear nuevas formas de establecer confianza, sea respecto al gobierno de turno, empresas o en nuestras propias relaciones personales.

Ante la exigencia de nuevas formas de gobernanza, la tecnología Blockchain nos ofrece una redefinición del modelo de confianza que se ha venido sustentando en “terceros de confianza”, creando en su lugar (a través de un consenso descentralizado) nuevas prácticas sociales e institucionales. 

Normalmente, se suele asociar la tecnología Blockchain únicamente con Bitcoin o con cualquier otra divisa de la criptoeconomía, dejando bajo la sombra muchos de los inabarcables alcances y funcionalidades que ofrece dicha cadena de bloques de información. 

Sin embargo, Blockchain es más que una criptomoneda. Es por ello que vale iniciar el artículo con dicha precisión.

Hacia un Internet del Valor: 

Como se sabe, estamos ante una tecnología sustentada en un conjunto de registros públicos no modificables, que son grabados y confirmados de forma anónima. En ese sentido, Blockchain se basa en el consenso y en una arquitectura que, funcionando con una red de nodos, es descentralizada y distribuida.

Dicha tecnología reconfigura nuestros sistemas de confianza para propósitos o usos que van más allá del ámbito financiero.  

A partir de lo afirmado por Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, podemos precisar:

“distribuido significa que no todo el procesamiento de las transacciones se hace en el mismo lugar”, mientras que “descentralizado significa que no hay una única entidad que tenga control sobre todo el procesamiento”.

Por tanto, cabe analizar las implicancias que conlleva dicha “descentralización”, en términos de ausencia, tanto de una entidad controladora del procesamiento como de un tercero de confianza a cargo de la validación de la operación o transacción.

Para muchos especialistas, la referida descentralización es fundamental porque:

  1. Reduce las fallas accidentales: el procesamiento está compuesto de varios componentes separados. ¿Qué es menos probable?, ¿qué falle un servidor o que 5 de 10 servidores fallen al mismo tiempo?.
  2. Resistencia a ataques: no hay puntos o nodos centrales sensibles de atacar.
  3. Resistencia al fraude o colusión: a diferencia de lo que podría ocurrir en estructuras centralizadas o piramidales, las jerarquías planas y descentralizadas impiden a los participantes a incurrir en colusiones o coordinar actos fraudulentos.

En base a ello, y como afirma Alex Preukschat la ventaja de una base de datos abierta al público (accesible a todo el mundo) y descentralizada, es que replica y almacena información de usuarios fuera de servidores o nodos centralizados, tal como sucede hoy en día con la mayoría de aplicaciones del Internet de la Información que todos conocemos (Google, Facebook, Twitter, entre otras)

A diferencia del Internet de la Información, Blockchain añade valor a la red, generando lo que muchos han denominado: Internet del Valor. En ese sentido, el intercambio sistemático de datos que conduce a la transferencia de valor, con el uso de contratos inteligentes o Smart Contracts, permite la simetría entre los participantes (sin intermediarios), en un intercambio transparente entre dos peer (iguales), donde todo el mundo puede ser emisor y receptor de transacciones.

Así, esta nueva estructura económica descentralizada se sustenta en un registro “inquebrantable” de operaciones o bloques de información, cuya integridad y orden cronológico son asegurados a través de técnicas criptográficas. Entonces, al tratarse de una Blockchain pública, dichos registros no podrán ser modificados, ya que eso requeriría alterar todos los bloques que lo han sucedido.

Dicho lo anterior, y a la luz de un contexto mundial en el que existe una severa crisis de confianza de los ciudadanos respecto a gran parte de los actores del mercado, sean corporaciones privadas u organizaciones públicas, la tecnología Blockchain puede ofrecer una aproximación de transparencia y colaboración, lo cual resulta necesario para generar un ecosistema confiable, abierto y seguro.

Una herramienta eficaz para el sector público:

En el caso del sector público, el impulso (a través de Blockchain) de infraestructuras públicas eficientes y auditables, reduciría los plazos de trámites administrativos, optimizando y dando flexibilidad a procesos existentes, muchos de ellos costosos, complejos, y en gran medida, aún soportados en papel, con altos riesgos de errores o de fraude.

En relación a la estructura que ofrece Blockchain es posible, como señala Alan Leibovich, hacer “correr” los mencionados Smart Contracts, una suerte de programa autoejecutable en el que una serie de instrucciones, previamente definidas y programables, son puestas en práctica en caso de cumplirse ciertos requisitos previos, también acordados de antemano, en un formato condicional similar a “si X, entonces Y”.

Por otro lado, dichas acciones autoejecutables pueden, a su vez, ser parte de otra condición necesaria para una nueva acción, generando así una cadena que podría ser infinita, donde las partes no tendrían la necesidad ni la posibilidad de intervenir, una vez que hayan finalizado con su negociación y diseño.

Sin duda, los Smart Contracts podrían limitar el poder de quienes, en las distintas administraciones públicas o privadas, lo usan arbitraria e ilícitamente.

En efecto, más allá de los diez supuestos usos del Blockchain en gobiernos alrededor del mundo, mencionados por Deloitte en el artículo “Will blockchain transform the public sector” esta tecnología sería fundamental (entre otros casos) en licitaciones públicas que podrían ser asignadas de forma automática a las empresas que hayan sido las mejores oferentes y no a aquellas, cuyos funcionarios hayan ofrecido algún tipo de incentivo extraoficial. Del mismo modo, hasta llegar a pagos a proveedores del Estado de forma automática ante el efectivo cumplimiento de las obligaciones comprometidas, eliminando la posibilidad de que exista un intermediario que pueda facilitar el perfeccionamiento de ese pago o de que el contratista cobre sin haber ejecutado la obra pactada.

Al respecto, cabe referirnos a un proyecto piloto relevante denominado “Licitaciones Inteligentes”, que viene impulsando el Gobierno de México. Se trata de un sistema, escalable y flexible, basado en Blockchain y Smart Contracts, que permite que el proceso de licitaciones públicas, desde su planeamiento hasta la ejecución contractual y evaluación final, sea confiable.

De igual forma, incorpora la participación ciudadana y asegura que la propuesta ganadora sea la que genera mayor beneficio social, a través de un mecanismo de calificación y votación anónima.

Aunque aún es prematuro saber cuáles serán los alcances e impacto del Blockchain en las administraciones públicas de otros países, la introducción de esta tecnología podría ser el primer paso hacia un camino más transparente, en aras de restablecer los lazos de confianza entre los ciudadanos y sus organizaciones.

Ahora, más que nunca, es conveniente recordar lo dicho por el Juez Supremo, Louis Brandeis, quien afirmó con mucha pertinencia: “sunlight is the best disinfectant”.