Telefónica (global) se transforma
Respuesta a contextos de mercado radicalmente distintos entre los años 1990 y 2020

02/Dic/2019|Opinión|

 

 

Si bien del anuncio oficial de Telefónica de hace pocos días (calificado por el propio operador como las “5 decisiones”) no se desprende una decisión de venta de sus operaciones en América Latina (8 países en Hispanoamérica, para ser más precisos), en nuestra opinión este anuncio sí representa el giro estratégico más drástico del operador en los últimos 30 años.

Si bien algunas señales recientes a escala global y regional ofrecieron algunas pistas, el impacto del anuncio sobre una nueva definición del “quién”, el “qué” y el “cómo” del modelo de negocio de Telefónica nos permite calificarlo válidamente como una transformación (término muchas veces utilizado para situaciones que en realidad no lo son), estructurada en forma consistente en respuesta a contextos de mercado radicalmente distintos precisamente entre los años 1990 y 2020, aunque será el propio mercado quien se encargará de juzgar la buena puntería de tal transformación.

La realidad en 1990

Para entender mejor las 5 decisiones anunciadas por Álvarez Pallete, Presidente Ejecutivo de la compañía, es útil recordar el contexto del cual se desprenden, y como –por lo menos en nuestra opinión- dicho anuncio representa el giro estratégico más importante del operador en los últimos 30 años, vale la pena entonces revisar el entorno de mercado a inicios de 1990 y en la actualidad, ad portas del inicio de la década del 2020.

Diferencias sustanciales entre ambos escenarios, a nivel de la economía en general y del sector en particular.

A inicios de la década de 1990, el mercado exhibió una combinación virtuosa de economías latinoamericanas en una creciente ola de liberalización y privatización que calzó muy bien con la presión de las empresas españolas (sobre todo en negocios intensivos en capital, como infraestructura o finanzas) por la expansión internacional, motivada a su vez por el proceso de liberalización en su región a consecuencia de la conformación de la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea).

Debido al menor tamaño de la economía española respecto a sus pares regionales, en la práctica esto significó que debían elegir entre una agresiva expansión de compras internacionales (fuera de Europa, por supuesto) o ser comprados por empresas afines de otros países europeos.

Eligieron lo primero en América Latina, por ser una región conformada por economías cuya liberalización los elevó a la categoría de economías emergentes, y por tanto sujetos de confianza para la inversión extranjera directa, a lo cual se sumó un nivel de desarrollo bastante precario en el sector telecomunicaciones (en otros sectores también) y por tanto con un alto potencial de crecimiento, lo cual nos trae a una realidad actual donde no es extraño encontrar a empresas de origen español con una presencia distintiva en la región en sectores tales como telecomunicaciones, electricidad, banca o seguros.

La realidad en el 2020

Todo lo contrario a 30 años atrás, el mercado de América Latina exhibe condiciones bastante desafiantes, manifiestas desde los inicios de la actual década a punto de concluir, y que en muchos casos se exacerbarán durante la próxima década.

Mientras que en la economía tasas de crecimiento antes vigorosas son reemplazadas ahora por niveles bastante magros, en la industria los operadores enfrentan actualmente un mayor nivel de competencia entre sí pero sobre todo por parte de las plataformas digitales.

Por ejemplo, la sustitución del tráfico de SMS por aplicaciones de mensajería explicaría que, según OSIPTEL, el tráfico del primero haya cada a un ritmo anual de 9% anual para Telefónica del Perú entre los años 2014 y 2018, y nos animamos a suponer que el comportamiento en otros mercados de América Latina no tendría por qué ser muy diferente.

Nos encontramos entonces ante momentos de mercado sumamente distintos.

Las señales

Aunque ni por asomo pretenderemos insinuar que “ya sabíamos” que esto iba a ocurrir, los 5 anuncios de Álvarez Pallete guardan extrema coherencia con más de una decisión estratégica sumamente recientes de Telefónica.

En orden cronológico, la venta de operaciones en 5 países en América Central, la creación de Internet Para Todos (IpT) desde Perú (punta de lanza para una posterior proyección internacional), la venta de 11 centros de datos a escala global y el acuerdo con AT&T en México han ocurrido todas ellas durante 2019, en particular lo último, acontecido hace apenas 2 semanas.

Tal como Álvarez Pallete verbaliza bajo el término “rentabilizar” o como lo detalla el documento oficial de la compañía bajo las alternativas de “modular exposición” o “maximizar valor”, los 4 casos citados corresponden a estas 2 opciones. Veamos.

Muy concretamente, las ventas en América Central “maximizan valor”, porque encuentran compradores correctos en el momento correcto (América Móvil en 3 países y Millicom con otros 2), y por tanto a precios correctos.

Con un mayor ejercicio en creatividad financiera, IpT consiste en un modelo de Operador de Infraestructura Móvil – OIMR (modelo nacido en Perú con características propias a inicios de la presente década, aunque poco utilizado hasta ahora por diversas razones) a partir de la migración de la red móvil de Telefónica en localidades rurales del país a una nueva entidad conformada con 3 socios más; el acuerdo Telefónica-AT&T consiste en que el primero usa desde ahora la red móvil del segundo hasta poder revertir el “oneroso” espectro radioeléctrico al Estado mexicano; y la venta de centros de datos viene acompañada de un contrato de servicios entre Telefónica y Asterion (nuevo propietario de los centros de datos) que permiten al operador contar con la infraestructura necesaria para a su vez mantener sus servicios.

Como es notorio, estos 3 casos “modulan la exposición” de Telefónica, porque reducen la carga de activos fijos en su balance general sin afectar en absoluto la relación comercial con sus clientes, lo cual de paso permite orientar sus esfuerzos al desarrollo de nuevos modelos de ingresos.

Si consideramos además que una forma adicional de “maximizar valor” consiste en lograr una mejora del ARPU (menos controlable) o una eficiencia en costos aún mayor a lo ejecutado en años recientes (más controlable), tenemos entonces que la venta de operaciones no representa en forma alguna la interpretación más inmediata a partir de las “5 decisiones”.

Las 5 decisiones

Aunque el término “transformación” es aplicado cada vez más a situaciones que  no necesariamente lo son, más allá de estar de acuerdo o no con la racionalidad de las “5 decisiones” consideramos que en este caso este término sí es válido, porque los anuncios de Telefónica cambian su definición del “quién”, “qué” y “cómo”, que como sabemos representan los 3 pilares que sostienen todo modelo de negocio.

Cambia el “quién” porque, si bien por su propia naturaleza Telefónica seguirá dirigido a los segmentos  B2C, B2B y B2G, el operador ha anunciado formalmente un mayor enfoque geográfico en 4 mercados globales (España, Brasil, Reino Unido, Alemania) respecto al resto de mercados (Hispanoamérica, o Hispam).

Cambia el “qué”, porque el énfasis tradicional en ingresos basados en servicios finales de telecomunicaciones es reemplazado por un nuevo foco en servicios digitales (Telefónica Tech) y en la monetización de sus infraestructuras mediante diversos modelos como las “señales” citadas arriba (Telefónica Infra).

Finalmente, cambia el “cómo” porque la nueva definición del “quién” y el “qué” queda reflejada en la nueva organización del centro corporativo de Telefónica, que concentra la segunda línea en 6 unidades de negocio (4 países seleccionados y 2 flamantes empresas) y traslada el reporte de Telefónica Hispam a la Dirección Financiera.

A nuestro entender, esto último refleja una mutación en la visión de Telefónica sobre la región, desde un enfoque estratégico (crecimiento sostenible de largo plazo) hacia uno financiero (medición permanente de rentabilidad, precisamente mediante la “modulación de la exposición” o la “maximización de valor”), todo lo cual –insistimos- estamos lejos de interpretar como una decisión expresa de venta de sus operaciones en la región.

Quizás como un elemento anecdótico que en el contexto actual puede adquirir mayor sentido, vale la pena recordar que las compras de Reino Unido y Alemania (en ambos casos bajo la marca O2) ocurrieron poco después de la compra de Bellsouth (2004), adquisición que le permitió la entrada a 4 de los 8 países que mantiene en Hispam (o 6 de 13 países, si añadimos a 2 de las 5 operaciones recientemente vendidas en América Central), de manera que tales compras en Europa podrían ser interpretadas como una primera “señal” sobre la conveniencia de una diversificación geográfica en la exposición global de Telefónica.

Impacto en Perú (y más allá)

A continuación resumimos nuestros comentarios ante consultas recibidas en diversos espacios en los últimos días (en algún caso quizás extrapolable a algún otro mercado Hispam).

Lo primero, de los anuncios de Álvarez Pallete no esperemos una venta. Más aún, el CEO de Telefónica del Perú acaba de comentar en redes sociales que “aprovecho la oportunidad para reafirmar de forma enfática que Movistar continuará con todas sus operaciones en el Perú”.

Por supuesto, en el mercado global de transacciones de empresas todo puede cambiar en cualquier momento, pero eso puede pasar en cualquier otra empresa, y además –reiteramos- esto no se desprende en forma lógica a partir de la presentación oficial de la compañía.

Lo segundo, de manera similar a los negocios gestionados en Perú por Telxius (filial actual que sentará las bases para la creación de Telefónica Infra), prevemos que Telefónica Tech absorberá algunos de los negocios gestionados hasta ahora por la división B2B (B2G incluido) del operador. 

Lo tercero, más alusivo a las decisiones específicas para Telefónica Hispam, la “modulación de la exposición” podría seguir tomando la forma de un alto nivel de creatividad financiera (y como sabemos la creatividad suele no tener límites), mientras que –ante un escenario donde la recuperación del ARPU no luce tan previsible- la “maximización de valor” podría significar una mayor eficiencia en costos en algunos espacios específicos que el operador pudiera identificar.

Por último, más allá de qué filial de Telefónica aparezca como emisor de la factura mensual en el caso de algunos clientes B2B o B2G, no prevemos en el futuro inmediato un cambio significativo en la provisión de servicios del operador motivado por las “5 decisiones”, aunque sí pronosticamos la continuidad en la innovación de servicios tal como lo hemos venido observando en los últimos años, estimulada por el conocido incremento sustancial en la intensidad competitiva (mejor relación precio-volúmenes, programa de lealtad, alianza de servicios con OTT, posventa digital, entre otros), que confiamos sea acompañada –al igual que en toda la industria- por el proceso de simplificación regulatoria al cual OSIPTEL se ha comprometido. Seguiremos atentos.